Una lágrima surcaba su rostro, cuando escuchó que llamaban a la puerta de su habitación. No debía responder, lo cual le dio tiempo para ir hacia el baño y borrar con agua fresca cualquier rastro de dolor.
Tímidamente Victoria ingresó al cuarto al percatarse de la estupidez que había cometido. ¿A quién se le ocurriría golpearle la puerta a un sordomudo? Algo avergonzada por haber tenido que entrar sin avisar, escuchó el ruido del agua corriendo en el baño. Mientras esperaba que él saliera, vio el celular sobre la mesa. Le extrañó que un sordomudo tuviera uno. Sin embargo pronto recordó que no sólo podían utilizarse para comunicarse usando la voz, sino también a través de mensajes de texto. Realmente en los últimos 20 años, la tecnología, había avanzado a pasos agigantados, y seguía haciéndolo de manera acelerada. A veces para bien, otras para mal; pero definitivamente no se detenía. En realidad, la tecnología en sí, no era ni buena ni mala; la bondad o la maldad sólo quedaba de manifiesto en el uso que se hacía de ella. Y como todo, el mal, lo marca el abuso.
Al verla, Martín no pareció sorprenderse. Una sonrisa se dibujo en su rostro, expresando con ese gesto, el placer que le causaba ver a Victoria nuevamente en ese día. Realmente era una mujer interesante. Tuvo que contenerse para no echarse a reír, ante las graciosas gesticulaciones que ella hacía, intentando explicar el motivo de su presencia allí. Al mirarla fijamente, pudo percibir como sus mejillas iban coloreándose de un rosa intenso. Hacia muchísimo tiempo que no veía una mujer ruborizarse. Sintió un intenso deseo de besarla, mas se contuvo y dirigiéndose a la mesa que había en el cuarto, tomó papel y lápiz, y escribió:
- “Esta bien. No hay problema, entiendo”. –
Con cierta premura, y algo nerviosa aún; le hizo saber el motivo por el cual se encontraba ahí.
- “Estuve pensando en su oferta, y decidí aceptar sus servicios. Quise hacérselo saber de inmediato. Mañana temprano le mostraré el lugar. Lo espero en el hall de entrada a las 6:30 AM. Le ruego sepa disculpar mi atrevimiento por ingresar a su cuarto”.
No había terminado de hablar, cuando él en clara expresión de agradecimiento, la abrazó y le dio un cálido beso en la mejilla. Sonriendo, y algo turbada, lo alejó delicadamente; para luego retirarse con un “hasta mañana”.
Nuevamente solo, Atanás no pudo evitar pensar, que las cosas se estaban dando a pedir de boca. Una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro.
Tímidamente Victoria ingresó al cuarto al percatarse de la estupidez que había cometido. ¿A quién se le ocurriría golpearle la puerta a un sordomudo? Algo avergonzada por haber tenido que entrar sin avisar, escuchó el ruido del agua corriendo en el baño. Mientras esperaba que él saliera, vio el celular sobre la mesa. Le extrañó que un sordomudo tuviera uno. Sin embargo pronto recordó que no sólo podían utilizarse para comunicarse usando la voz, sino también a través de mensajes de texto. Realmente en los últimos 20 años, la tecnología, había avanzado a pasos agigantados, y seguía haciéndolo de manera acelerada. A veces para bien, otras para mal; pero definitivamente no se detenía. En realidad, la tecnología en sí, no era ni buena ni mala; la bondad o la maldad sólo quedaba de manifiesto en el uso que se hacía de ella. Y como todo, el mal, lo marca el abuso.
Al verla, Martín no pareció sorprenderse. Una sonrisa se dibujo en su rostro, expresando con ese gesto, el placer que le causaba ver a Victoria nuevamente en ese día. Realmente era una mujer interesante. Tuvo que contenerse para no echarse a reír, ante las graciosas gesticulaciones que ella hacía, intentando explicar el motivo de su presencia allí. Al mirarla fijamente, pudo percibir como sus mejillas iban coloreándose de un rosa intenso. Hacia muchísimo tiempo que no veía una mujer ruborizarse. Sintió un intenso deseo de besarla, mas se contuvo y dirigiéndose a la mesa que había en el cuarto, tomó papel y lápiz, y escribió:
- “Esta bien. No hay problema, entiendo”. –
Con cierta premura, y algo nerviosa aún; le hizo saber el motivo por el cual se encontraba ahí.
- “Estuve pensando en su oferta, y decidí aceptar sus servicios. Quise hacérselo saber de inmediato. Mañana temprano le mostraré el lugar. Lo espero en el hall de entrada a las 6:30 AM. Le ruego sepa disculpar mi atrevimiento por ingresar a su cuarto”.
No había terminado de hablar, cuando él en clara expresión de agradecimiento, la abrazó y le dio un cálido beso en la mejilla. Sonriendo, y algo turbada, lo alejó delicadamente; para luego retirarse con un “hasta mañana”.
Nuevamente solo, Atanás no pudo evitar pensar, que las cosas se estaban dando a pedir de boca. Una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro.

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